Por extrañas fuerzas del destino, vine a NZ a aprender a cocinar comida mexicana. Sopes, tacos (soft or crispy) cochinita, mole, enchiladas, chilaquiles, tinga, y un largo etcétera.
Cuando chico, vivía en casa y comía los saludables platillos que mamá cocinaba, los deliciosos desayunos de papá y también sus cenas con licuados de fresa o chocolate abuelita. La alta cocina de mi hermana Carolina, famosa por su lasagna almendrada, y las comidas veloces que preparaba mi hermano cuando íbamos en la prepa. Yo a lo largo de todo ese tiempo, me dediqué íntegramente a comer. Jamás cociné.
Luego me fui a Guadalajara y aprendí, gracias a mi amiga Elisa, a preparar pasta. Descubrí que si le aventaba una lata de atún y puré de tomate no sabía tan mal. Me alimenté de esa mezcla endemoniada por un periodo de seis meses. Al séptimo me hice cliente de una fondita que quedaba a unas tres cuadras de mi casa. A pesar de que comí ahí por dos años y medio (intercalando con Mc Donald´s cada segundo día) la dueña y las empleadas nunca tuvieron un gesto de amabilidad conmigo.
Nunca aprendí a cocinar.
Mi precaria situación en NZ me orilló a trabajar como empleado de cocina en un restaurante mexicano. Al principio sólo lavaba trastes y decoraba los platos, pero a partir de una amenaza de despido, me puse a cocinar. Cada seis minutos me quemo los dedos con el aceite hirviendo que se usa para todas las fritangas, me rebano las yemas partiendo cebollas y tomates, se me caen las salsas y hago un regadero por todos lados etc etc.
La cocina, que es pequeñísima, la comparto con una señora que es la dueña, el novio del hijo, que es un brasileño, y el sobrino de la doña: Omar.
Omar, hombre de 37 años, con 3 hijos en México, dos reconocidos, una esposa y una amante oficial, tendrá que regresarse por ahí de marzo al no haber podido solucionar su situación migratoria. Buena onda, chilanguísimo, de profesión taquero.
- No guey, antes de regresar quiero ahorrar una lana para llevarme de vacaciones a mi familia a Acapulco.
(Rodrigo conmovido) - Ah, qué buena onda, a tus hijos les va a gustar
- Si, ca, aparte ya estoy harto de estas pinches playas guey, tan del nabo
-mmmm?
- Si, no mames, todas vírgenes, sin nada, ni un guey que te venda collarsitos, mangos o cocos, sin gente guey, sin nadie que ponga música. Ni una pinche persona en kilómetros de playas.
- ejem, si, verdad?
Y entonces éste que escribe comprendió por fin cierta teoría de Albert Einstein de la que alguna vez le hablaron largamente en clase.
** ando amarrando una chambita de ticher de spanish :)